Vi
tu imagen y me impactaste.
Nunca
imaginé, que desde aquel día,
el
destino rompería
las
barreras de la lejanía.
Vi
tu sonrisa tan bella
y
tan llena de vida
que me fascinaste.
Luego vino ese abrazo tan cálido,
en
el que me brindaste tu amistad,
que me cautivaste.
¿Quién
diría que, desde aquella noche,
te
convertirías en alguien
muy importante para mí?
Mi
mente esclavizada
por conceptos y esquemas
que
intenté mantener la cordura.
Mas
llegaste con tu belleza y juventud
que
inundaste mi ser y esencia
con
tanta ternura.
Elevo
mis plegarias al cielo,
y eso que hace tiempo no lo hago,
pidiéndole,
fervorosamente,
que
nunca te alejes de mi vida.
Tan
importante te volviste, ángel mío,
que
a mi corazón, a veces, lo invade el temor
de
que me eches al olvido.
El
tiempo, aliado con la experiencia,
me enseñó a no ser tan pretencioso.
Con tu amistad, tu sonrisa bella
y
tu cariño me conformo, amiga mía.
Todo
eso equivale a tocar,
con
las manos, las estrellas.
En
el cofre de mi corazón
guardo
tu imagen bella, mi ángel.
Pero
también tu amistad y ternura
acompañados
de una inmensa emoción.
Hernán Sanchez Mérida
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