¿Por
dónde inicio este discurso
para
no caer en la cursilería?
Comenzaría diciendo,
con
toda franqueza,
que
ante todo tu ser
yo
me rendiría.
Diría
que eres bella y sensual
con
una pizca de calidez y ternura.
Mas, todo lo que dije,
hasta
aquí,
de ti
es
superficial
¿Cómo
explico que en mi
incentivaste una locura?
Eres
diversas emociones
que
invaden mi piel
y
hacen vibrar mis sentidos.
Mi
cuerpo experimenta sensaciones
que
reactivan, de forma violenta,
mis latidos.
Mágica
y enigmática para mí
y
una sonrisa
que,
fuertemente, me impacta
y
a la vez hipnotiza.
Mujer
¿qué más puedo decirte
para
poder describirte?
Que
al ver tus imágenes
mi
corazón se quema
y, al conocerte,
se
derrumbaron mis esquemas.
Termino,
desde el corazón,
esta cursi descripción
que
hice de ti
con
la esperanza
de haberte hecho feliz.
Hernán Sanchez Mérida
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