Poco
a poco vas levantando vuelo
y
yo aquí me quedo inmutado,
con
mis pies aferrados al suelo,
con
una mezcla de alegría y tristeza.
No
puedo despegarlos todavía
y,
sin embargo, tú debes estar
a
miles de kilómetros de aquí.
Si
supieras, amada mía,
que
me invaden las ansías
de
estar cerca de ti.
Cobardemente,
podría lanzarte una flecha
para
derribarte, bella paloma,
y que jamás vuelvas a volar.
Mas
sé que estaría actuando como un egoísta
y
como castigo
de
mí te vas a olvidar.
Parece
ser que, también, tendré que abrir mis alas
para
poder alcanzarte
y
poder volar a tu lado
por
este cielo azulado.
Me
propones, sin querer, este desafío; paloma,
al volar y al elevarte tan velozmente
que
no me queda otra opción:
aprender
a volar tenazmente
y
seguir tu vuelo, mi amada.
Cuando
logre alcanzarte
nos
ocultaremos en algún rincón
para
amarte tiernamente.
Aún
sigo, del suelo, prisionero.
Es
difícil desafiar a la gravedad.
Volaré
hasta ti, paloma bella,
y
mis labios confesarán un “te quiero”.
Mis ojos y mi piel serán testigos
de
tanta belleza y sensualidad.
Hernán Sanchez Mérida